La filosofía y la misión del proyecto DREVO
Restaurar la tierra como patrimonio vivo
El proyecto DREVO se basa en la premisa de que la tierra no es un espacio vacío, ni un solar en construcción, ni un recurso desechable para obtener beneficios a corto plazo.
La Tierra es un sistema vivo en el que están conectados los siguientes elementos:
formación geológica;
agua;
suelo;
microorganismos y hongos;
plantas y animales;
clima;
actividad humana;
historia del territorio;
la vida de las generaciones futuras.
La degradación comienza cuando se rompen los enlaces entre estos elementos. El agua abandona rápidamente la zona, el suelo pierde estructura y materia orgánica, la vegetación desaparece, la erosión aumenta, la biodiversidad disminuye y los seres humanos se vuelven cada vez más dependientes del riego artificial, los fertilizantes, la protección química y la constante intervención externa.
Por lo tanto, la restauración de tierras no puede reducirse simplemente a plantar árboles, aplicar fertilizantes o crear una instalación agrícola.
La verdadera restauración significa devolver el territorio de la capacidad:
retienen y acumulan agua;
crear suelo vivo;
sustentar diversas formas de vida;
que se renueve de forma natural;
adaptarse a los cambios;
acumular fertilidad;
garantizar una producción segura;
transmitir el potencial vital a las generaciones futuras.
El objetivo principal del proyecto no es reverdecer temporalmente la zona, sino iniciar un proceso a largo plazo para su recuperación.
La Tierra debe mejorar
El modelo económico moderno suele considerar la tierra como una superficie que puede utilizarse hasta agotarse y luego ser reemplazada por otro territorio.
La filosofía de DREVO se basa en el principio opuesto:
La Tierra debe mejorar como resultado de la presencia humana.
Una persona no debería dejar atrás:
suelo agotado y compactado;
agua contaminada;
roca expuesta;
laderas destruidas;
monocultivos muertos;
territorios totalmente dependientes de productos químicos;
sistemas que dejan de existir inmediatamente después de que finaliza su financiación.
Cada generación debe legar la tierra a las siguientes generaciones:
más fértil;
más húmedo;
más diversos;
más estable;
mejor protegidos de la erosión y la sequía;
capaz de renovarse naturalmente.
La actividad económica se considera justificada únicamente cuando no destruye la base natural de la producción futura.
El principio económico fundamental del proyecto:
Los ingresos deben provenir de la salud del sistema, no de su destrucción gradual.
La recuperación no comienza con la cosecha.
En terrenos degradados, deshidratados, erosionados o contaminados, el rendimiento de los cultivos no puede ser el objetivo principal.
En primer lugar, hay que detener la destrucción:
detener la erosión y el polvo;
proteger las fuentes de agua;
identificar y localizar la contaminación;
estabilizar taludes;
restaurar la cubierta vegetal;
devolver materia orgánica;
crear condiciones para la vida en el suelo.
Solo después de esto el territorio podrá transitar gradualmente hacia un uso productivo.
La secuencia básica de DREVO:
seguridad → agua → suelo → pastos → arbustos → estepa forestal → bosque joven → ecosistema maduro → jardín forestal sostenible.
Un jardín forestal no debería ser una capa artificial impuesta sobre un suelo degradado, sino el resultado de su recuperación gradual.
De la piedra al ecosistema vivo
El proyecto considera incluso la roca pobre y el regolito mineral no como material inútil, sino como una posible base para el suelo futuro.
El camino desde la roca hasta la tierra viva pasa por:
meteorización física y química;
acumulación de humedad;
actividad bacteriana;
la aparición de líquenes y musgos;
desarrollo de la cubierta vegetal;
penetración de raíces;
acumulación de materia orgánica;
colonización por hongos;
actividades de los animales del suelo;
formación de horizontes de suelo estables.
Los seres humanos son capaces de apoyar y acelerar etapas individuales de este proceso, pero no pueden reemplazarlas por completo con la mezcla mecánica de materiales.
El suelo es más que una simple mezcla de arena, arcilla, minerales y compost. Es un sistema vivo y en constante desarrollo, basado en las relaciones entre el agua, las rocas, las raíces, los microorganismos, los hongos y los animales.
Fórmula breve para el desarrollo del proyecto:
La roca se convierte en regolito; El regolito se convierte en suelo; La tierra da a luz a la hierba; La hierba prepara el arbusto; El arbusto protege al árbol joven; Un árbol crea un bosque; El bosque alberga agua y vida; Y el hombre, convertido en guardián de este proceso, crea un jardín forestal sostenible y lo transmite a las generaciones futuras.
Prioridad para los árboles longevos
Los cultivos de ciclo corto producen resultados rápidos. Los árboles longevos dan forma al futuro de la zona.
Por lo tanto, el proyecto mantiene la prioridad de las especies formadoras de naturaleza:
roble;
tilos;
arce;
ceniza;
toro;
olmo;
castaña;
tuerca;
pinos;
pinos de cedro;
abetos;
alerce;
otros árboles longevos de la zona.
Estas plantas no se cultivan únicamente por su madera, frutos, nueces o por su efecto decorativo.
Ellos crean:
estructura de madera duradera;
red de raíces profundas;
microclima estable;
hojarasca forestal;
hábitat animal;
comunidades de hongos y del suelo;
centros de semillas;
continuidad genética;
conexión entre generaciones forestales.
Un árbol frutal puede alimentar a una familia durante décadas. Un viejo roble, tilo o pino cedro puede formar un entorno natural completo a lo largo de varios siglos.
Por lo tanto, un ecosistema maduro no debe consistir únicamente en cultivos productivos de rápida rentabilidad. Su base la constituyen los árboles, cuyo valor va mucho más allá de su uso económico directo.
Bosque y jardín forestal
Un bosque natural y un jardín forestal sostenible no son contradictorios. Cumplen funciones diferentes pero interrelacionadas.
El bosque natural proporciona:
sostenibilidad ambiental;
regeneración natural;
conservación de las especies locales;
formación del suelo;
regulación del agua;
refugio y alimento para los animales;
diversidad genética.
El jardín forestal ofrece:
alimento;
frutas, bayas y frutos secos;
materias primas medicinales y aromáticas;
semillas y material de siembra;
lugares de trabajo;
función educativa;
apoyo económico para el territorio.
Un jardín forestal sostenible no debe desplazar a los bosques naturales. Debe integrarse en la estructura de bosque restaurado y estepa forestal.
Principio básico:
No conviertas todo el bosque en un jardín, sino integra las zonas productivas en la naturaleza sostenible.
El hombre como guardián
El ser humano posee conocimientos, experiencia y tecnología, pero esto no lo convierte en el amo absoluto del ecosistema.
Es imposible calcularlo completamente por adelantado:
todas las conexiones entre organismos;
cambio climático a largo plazo;
desarrollo de las comunidades del suelo;
la aparición de nuevas enfermedades;
migración de especies;
consecuencias de cada intervención.
Por lo tanto, la gestión territorial debe combinar:
planificación científica;
vigilancia constante;
experimento cauteloso;
preservación de los procesos naturales;
registro de resultados;
disposición a admitir y corregir errores;
respeto por los límites del conocimiento humano.
En el proyecto DREVO, una persona actúa como:
agente reductor;
guardián;
jardinero;
investigador;
organizador;
responsable temporalmente del territorio.
Él no completa el ecosistema ni se adueña incondicionalmente de su futuro. Acepta la responsabilidad durante un período determinado, desarrolla el sistema y lo transmite.
El tiempo como recurso principal
Los proyectos convencionales se miden en función de los períodos de recuperación de la inversión, las fases de construcción y los ciclos políticos.
El proyecto DREVO mide el desarrollo urbanístico:
estaciones;
ciclos de vida de las plantas;
generaciones de árboles;
formación del suelo;
cambio en el régimen hídrico;
cambio de las comunidades naturales;
Durante décadas y siglos.
Planificar a 150 años vista significa que los promotores están creando conscientemente un sistema cuya madurez final será vista por las generaciones futuras.
Mirar hacia el futuro, a 300 años vista, significa reconocer que las decisiones de hoy pueden afectar a personas y ecosistemas que aún no existen.
Esto requiere una ética diferente:
No busques únicamente ganancias rápidas;
No considere el desarrollo lento como una desventaja;
No destruyas los procesos a largo plazo en aras de obtener resultados instantáneos;
evaluar las decisiones en función de su impacto multigeneracional;
mantener la capacidad de corregir errores;
Crear un sistema de sucesión con antelación.
La diversidad como seguro ambiental
Un monocultivo puede ser productivo, pero sigue siendo vulnerable. Una sola enfermedad, sequía, plaga o cambio de temperatura puede dañar todo el sistema monótono.
Por eso DREVO se basa en la diversidad:
especies;
variedades;
ecotipos;
líneas genéticas;
siglos;
tipos de sistemas radiculares;
altura de las coronas;
períodos de floración y maduración;
métodos de reproducción;
zonas naturales;
funciones económicas.
La diversidad no es un elemento decorativo. Es una forma de seguridad ecológica y económica.
La pérdida de una especie no debería destruir todo el ecosistema. El fracaso de una cosecha no debería privar a una explotación agrícola de todos sus ingresos. La pérdida de una generación de árboles no debería acabar con la existencia de un bosque.
Mosaico natural
Una zona madura no debe estar completamente ocupada por el mismo bosque, campo agrícola o jardín forestal continuo.
Tiene forma de mosaico:
granos de bosque maduro;
arboledas jóvenes;
estepa boscosa;
prados;
campos de cultivo;
zonas de agua y marismas;
zonas de arbustos;
viveros;
arboledas de semillas;
zonas de remediación;
espacios públicos;
territorios de sucesión natural.
Esta estructura aumenta:
diversidad biológica;
resistencia al fuego;
resistencia a las enfermedades;
diversidad de microclimas;
la posibilidad de migración de especies;
flexibilidad económica;
resistencia al cambio climático.
Cada árbol tiene una historia.
En las plantaciones masivas, un árbol suele convertirse en una unidad estadística. El sistema de certificación ambiental DREVO le devuelve su individualidad.
La historia del árbol puede contener:
origen de la semilla o plántula;
lugar y fecha de llegada;
línea genética;
personas que participaron en la siembra;
Sobrevivió a sequías, heladas e incendios;
cambios de crecimiento;
enfermedad y recuperación;
comienzo de la fructificación;
plantas, hongos y animales asociados;
su descendencia, tanto por semillas como vegetativa.
Tras 16 años de observación, un árbol o área natural sostenible puede obtener un pasaporte ecológico permanente.
Dicho pasaporte no implica la propiedad de la vida, sino una obligación social:
recuerda el origen del objeto;
Téngalo en cuenta al planificar;
protegerlo;
guardar historial;
nombrar custodios;
para formar sucesores;
traspasar la responsabilidad.
El error como parte del conocimiento
Un proyecto a largo plazo no puede estar completamente libre de errores.
Algunas plantas no sobrevivirán. Algunos métodos no serán lo suficientemente efectivos. El clima cambiará. Algunas decisiones deberán reconsiderarse.
La filosofía de DREVO requiere:
fallos en los registros;
guardar datos de observación;
No ocultes los resultados negativos;
comparar métodos;
ajustar planes;
transferir el conocimiento adquirido a otros territorios.
Un error se vuelve peligroso no cuando ocurre, sino cuando se oculta, no se estudia y se repite.
La tecnología como herramienta
El proyecto puede utilizar:
teledetección;
vehículos aéreos no tripulados;
cámaras espectrales;
sensores de humedad;
pasaportes digitales;
inteligencia artificial;
gemelos digitales;
riego automatizado;
monitorización robótica.
Las tecnologías ayudan:
ver cambios;
identificar enfermedades;
controlar el agua;
guardar el historial de objetos;
predecir riesgos;
comparar métodos;
tomar decisiones más acertadas.
Sin embargo, la tecnología no reemplaza al sistema natural. Su función es ayudar a los seres humanos a observar, comprender y gestionar con mayor cuidado los procesos naturales, en lugar de crear la ilusión de un control absoluto sobre ellos.
contrato intergeneracional
El proyecto DREVO puede considerarse un acuerdo entre:
aquellos que vivían en el territorio anteriormente;
la generación actual;
gente del futuro;
comunidades naturales.
La generación actual recibe la tierra no solo de los propietarios anteriores, sino que la acepta temporalmente del futuro.
Por lo tanto, todo objeto significativo y todo territorio restaurado debe tener:
historia;
custodio responsable;
estado ecológico;
pasaporte;
archivo de observación;
plan de desarrollo;
mecanismo para transferir responsabilidades;
Objetivo a largo plazo.
El territorio no debería depender de un solo propietario, administrador o generación.
La misión de DREVO
La misión de DREVO es restaurar tierras degradadas, deshidratadas, contaminadas y erosionadas mediante la recuperación del agua, la creación de suelos vivos y la creación de bosques sostenibles, estepas forestales y jardines forestales, preservando la prioridad de los árboles longevos que dan forma a la naturaleza y transmitiendo cada área restaurada a las generaciones futuras como un patrimonio vivo documentado.
El proyecto tiene como objetivo crear sistemas que simultáneamente:
restaurar el régimen de suelo y agua;
preservar la diversidad natural y genética;
producir alimentos seguros;
proporcionar a los animales alimento y hábitat;
crear empleos;
desarrollar viveros y plantas de procesamiento;
unir a las personas en torno al cuidado de la Tierra;
conservar el conocimiento;
Continúan viviendo y renovándose tras la partida de sus creadores.
Medida de éxito
El éxito de un proyecto no está determinado por el número de plántulas plantadas ni por la superficie total del territorio ajardinado formalmente.
Los indicadores reales son:
erosión detenida;
régimen hídrico restablecido;
aumento de la materia orgánica;
formación de un nuevo horizonte de suelo;
Regreso de hongos y animales del suelo;
regeneración natural de los árboles;
el surgimiento de varias generaciones de edad;
aumentar la biodiversidad;
reducir la dependencia del riego externo;
obtener una cosecha segura;
conservación de árboles longevos;
la capacidad del sistema para sobrevivir a las crisis;
Transferencia del proyecto a la siguiente generación.
Regla ética de intervención
Antes de tomar cualquier medida importante, hay cinco preguntas que responder:
¿Mejorará esto las condiciones del agua y del suelo?
¿Aumentará esto la capacidad de recuperación de la zona en 25-50 años?
¿Acaso esto no destruirá el valor natural que se ha ido formando a lo largo de décadas o siglos?
¿Podrá la próxima generación corregir las consecuencias de la decisión tomada?
¿Quedará más vida después de la intervención que antes?
Si la respuesta es negativa o desconocida, es necesario reconsiderar la solución, reducir su escala o realizar una prueba piloto en un sitio experimental.
El pacto principal del proyecto
No tomes de la tierra más de lo que ella puede reponer.
No destruyas lo que se ha formado a lo largo de los siglos.
No hay que medir el valor de la naturaleza únicamente por el beneficio económico.
No dejemos sin abordar las consecuencias para las generaciones futuras.
Crear sistemas que perduren después de nosotros.
Una breve fórmula para la filosofía DREVO
No reverdecemos el terreno solo por estética. Le estamos devolviendo su capacidad de crear vida.
No solo cultivamos cosechas. Cultivamos la tierra, el agua, los bosques y el futuro.
No consideramos que un árbol sea un objeto de mejora temporal. Lo reconocemos como participante en el ecosistema y portador de historia viva.
No estamos creando un proyecto para una sola generación. Estamos iniciando un proceso que deberá continuar durante siglos.